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sábado, 7 de noviembre de 2015

Formación inicial y permanente del profesorado

Esta es la valoración personal de una alumna sobre un curso de altas capacidades intelectuales donde se aborda la temática en distintos módulos. Lo incluyo como ejemplo de la formación inicial y permanente que recibe el profesorado.

VALORACIÓN PERSONAL DEL MÓDULO.

 (…) Desde mi punto de vista, con este curso en general, y con este tema en particular, me paro a pensar con resignación en mis años de estudiante de Magisterio. Es cierto que en aquella época el término de Altas Capacidades Intelectuales no se escuchaba tanto como ahora, pero tampoco recuerdo que en mi formación como maestra especialista en Educación Infantil me hablasen nada sobre cómo el ambiente del aula influye en los aprendizajes de los alumnos/as.

Esta es la parte del módulo que más me ha llamado la atención, es una pena porque, así visto, es algo esencial y a la vez de sentido común. Salimos de la facultad con el título bajo el brazo y la cabeza llena de teorías diferentes, porque, con más inri, nadie nos ha enseñado a relacionarlas con mapas conceptuales. Y de allí comenzamos a trabajar en algún colegio donde los compañeros/as como mucho nos explicarán lo que hacen ellos/as en sus clases para que los copiemos y no pensemos mucho. Por su parte, la Administración,  nos pedirá papeleo que luego nadie se leerá pero nos ofrecerá poca formación o poco interesante…. ¿Y nos extrañamos que la educación no funcione bien en España?


Volviendo al módulo, este año con mis niños y niñas de 3 años voy a empezar a poner en práctica la organización de los ambientes desde el punto de vista de los alumnos/as: todo a su altura, ordenado, con bandejas o cajas que permitan ver el contenido, y lo más importante para poder atender a la diversidad, con un nivel de dificultad progresivo… Y me entero de esto tan sencillo y a la vez tan importante después de diez años trabajando. (…)


Sin comentarios.

martes, 27 de octubre de 2015

El huevo y el aprendizaje vicario


Esto me sucedió hace pocos días en un aula de infantil. Resulta que en la hora dedicada al desayuno yo llevaba un sandwich y un huevo duro (las cosas). Y no se me ocurrió otra cosa que enseñarles a los niños y niñas cómo se pelaba un huevo duro. Después de hacer todas las payasadas que se me ocurrieron y que fueron recibidas con risas y aplausos, continuamos la labor y nos fuimos al patio.

Al regresar del patio y pasado un tiempo me encuentro un objeto redondo, como una pelota, blanco asido a un soporte. "¿Esto qué es?" me pregunté, ignorante de mi. Pero inmediatamente mi duda se fue disipando cuando me fui encontrando una serie de papelitos de colores que representaban ríos, mares y montañas. Estaba claro, alguien había destrozado el globo terraqueo que yo tenía en clase.

Preguntado el personal por el sujeto que había realizado tal despropósito, todos al unísono dirigieron sus dedos y miradas hacia la infractora. Esta viéndose descubierta, primero se sorprendió  y luego, ante mis reprimendas, no acertaba a presentarme mil justificaciones de lo que había pasado que se resumían en un sucinto " Perdóname...pero me perdonas ¿verdad?" Yo seguí con mi reprimenda hasta que de pronto até cabos. Vino a mi mente Albert Bandura para decirme: "pero, ¿no te das cuenta que lo que lo ha hecho la niña no es ni más ni menos que lo que has hecho tú con el huevo? ¿Dónde quedan tus conocimientos sobre aprendizaje vicario?"

En mala hora, pensé, se me ocurrió a mi pelar un huevo duro delante de los niños y niñas. ¿Qué se les ocurrirá pelar ahora que ya tienen el modelo? La reflexión sobre la práctica y los conocimientos sobre teorías del aprendizaje acumulados me permitieron reorientar mi actuación terminado felizmente con una fotografía donde negociamos qué se puede pelar y qué no se puede pelar. Un huevo duro sí. En fin, las cosas que pasan en un aula de infantil con niños y niñas de tres años.