domingo, 10 de mayo de 2026

Mozart no lo hubiera hecho así.

 

En la película Fame (1980) de Alan Parker oscarizada por su banda sonora y por la mejor canción (Fame) y criticada por su falta de ritmo narrativo, se da una curiosa escena. Bruno Martelli, alumno de la escuela, mientras está tocando el violín en un ensayo colectivo se le acerca el profesor para corregirle la postura y entonces él dice: "Mozart no lo hubiera hecho así." 
Entonces el profesor le pregunta: "¿Así? ¿Cómo?" Bruno responde que no lo hubiera hecho con violines. Que él utilizó violines porque era el instrumento de la época, pero que hoy en día hubiera utilizado teclados, sintonizadores, baterias... 

En las anteriores entradas hemos comentado un capítulo del libro La furia de la lectura. ¿Por qué seguir leyendo en en siglo XXI? titulado:"Del ilimitado amor nazi por los libros y la lectura"

Si el violín era el instrumento de la época, lo que el alumno reclamaba es que él, con instrumentos moderno, podía sustituir una orquesta. 
Esto fue lo que hizo Mike Oldfield con su Tubular Bells, que se utilizaría, por ejemplo, para la película El exorcista (1973).

La lectura ha sido y es: el instrumento de transmisión de contenidos de ficción y no ficción más eficaz. Ha sido el sustituto de la oralidad, que tan bien han conocido los antropólogos en el estudio de tribus y culturas ágrafas. Pues bien, si pasamos del uso de el fuego para la cocina y la fundición de metales  a la máquina de vapor y de la imprenta al uso de internet y al internet de las cosas y la inteligencia artificial generativa, qué sustituto le espera al libro (digital o en papel). 

¿Seguirá siendo la lectura el principal medio de adquisición de conocimientos?




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