domingo, 10 de mayo de 2026

¿Por qué no se lee más a los clásicos?


"¿No disponemos de suficientes ejemplos a través de nuestros hijos, de nuestros alumnos, de nuestros más jóvenes familiares, de que la obcecación por enfrentarles  a un monumento textual, ajeno en el tiempo, en los temas y las formas, no suele conducir a otra cosa que a una forma de menosprecio duradero, que tiene a condicionar de por vida su predisposición a la lectura?" (Rodríguez, 72) 

Rodríguez, reclama utilizar el teatro y la recreación dramática, para reavivar los textos dormidos y aparentemente extraños, incluso irrelevantes. Según él, no han existido los textos puros, y si algunos han existido algunas veces se han reinterpretado, adaptado, modificado y transformado hasta que han dicho algo a quienes debían escucharlos.

La lectura ha sido tradicionalmente realizada en voz alta hasta que San Ambrosio de Milán en el siglo IV de la era común comienza a realizar la lectura silenciosa, según San Agustín, para evitar las interrupciones de los visitantes, descansar la voz o facilitar la comprensión profunda del texto, se suele aventurar.

Cuando se lee cuentos a los niños y niñas éstos se hacen en voz alta y dramatizándolos. Si uno lo hace bien, transmite las emociones de la narración adecuadamente, los oyentes suspenden la incredulidad y viven la historia, se la creen.  Y el próximo adulto que lea el cuento tendrá que recrearlo también dramáticamente, so pena de que los niños le digan: no así no es, así no se cuenta.

Mozart no lo hubiera hecho así.

 

En la película Fame (1980) de Alan Parker oscarizada por su banda sonora y por la mejor canción (Fame) y criticada por su falta de ritmo narrativo, se da una curiosa escena. Bruno Martelli, alumno de la escuela, mientras está tocando el violín en un ensayo colectivo se le acerca el profesor para corregirle la postura y entonces él dice: "Mozart no lo hubiera hecho así." 
Entonces el profesor le pregunta: "¿Así? ¿Cómo?" Bruno responde que no lo hubiera hecho con violines. Que él utilizó violines porque era el instrumento de la época, pero que hoy en día hubiera utilizado teclados, sintonizadores, baterias... 

En las anteriores entradas hemos comentado un capítulo del libro La furia de la lectura. ¿Por qué seguir leyendo en en siglo XXI? titulado:"Del ilimitado amor nazi por los libros y la lectura"

Si el violín era el instrumento de la época, lo que el alumno reclamaba es que él, con instrumentos moderno, podía sustituir una orquesta. 
Esto fue lo que hizo Mike Oldfield con su Tubular Bells, que se utilizaría, por ejemplo, para la película El exorcista (1973).

La lectura ha sido y es: el instrumento de transmisión de contenidos de ficción y no ficción más eficaz. Ha sido el sustituto de la oralidad, que tan bien han conocido los antropólogos en el estudio de tribus y culturas ágrafas. Pues bien, si pasamos del uso de el fuego para la cocina y la fundición de metales  a la máquina de vapor y de la imprenta al uso de internet y al internet de las cosas y la inteligencia artificial generativa, qué sustituto le espera al libro (digital o en papel). 

¿Seguirá siendo la lectura el principal medio de adquisición de conocimientos?