sábado, 13 de septiembre de 2014
domingo, 7 de septiembre de 2014
sábado, 6 de septiembre de 2014
Aceptar la realidad del mundo
“Por qué íbamos a pararnos a pensar que existe algo más de
lo que podemos percibir? En la película El show de Truman, el epónimo Truman
habita un mundo completamente construido alrededor de él ( a menudo a toda
prisa) por un intrépido productor de televisión. En cierto momento un entrevistador
le pregunta al productor: “¿Por qué cree que Truman nunca ha estado cerca de
descubrir la verdadera naturaleza de su mundo?” La respuesta del productor es
la siguiente. “Aceptamos la realidad del mundo que se nos presenta.”
EAGLEMAN, David, Incógnito.
Las vidas secretas del cerebro. Anagrama, Barcelona, 2013.
viernes, 18 de abril de 2014
Cuento sobre la prehistoria
Ur y Nala, los niños salvajes.
Autor. Francisco José Mariano.
Ilustraciones: Carlos Fernández.
Ur y Nala eran un niño y
una niña que vivieron hace mucho tiempo. Tenían frío, porque no se habían
inventado las ropas, se comían la comida cruda porque no sabían hacer fuego y
tenían miedo de los animales, pues no tenían nada con que defenderse. Cuando
caía la noche se escondían en una cueva con sus padres y sólo podía dormir
porque no había luz.
Un día, un oso les
perseguía para comérselo. "Corre Nala, que nos coge". Le decía Ur a
su amiga, y cuando estaba a punto de cogerla, estalló una tormenta. Del cielo
cayó un rayo sobre un árbol y provocó un fuego. El oso se paró ante el fuego y
Ur y Nala que eran muy listos observaron que el oso que ellos temían se alejaba
del fuego. Además, cuando se acercaban al fuego se les quitaba el frío y un
huevo que tenían para comer, al ponerlo junto al fuego se frió y se lo
comieron.
Ur y Nala pensaron que si
tenían el fuego podría defenderse de los animales, se le quitaría el frío y
además podrían cocinar. Cogieron el fuego y se lo llevaron a la cueva para
enseñárselo a sus amigos diciendo: "Mirad, traemos el fuego y con él los
animales no nos comerán, ya no tendremos frío y nos comeremos los huevos
fritos".
Pero además, la cueva, que
siempre estaba oscura se iluminó, todos pudieron verse y así ya no tendría que
acostarse temprano y podrían quedarse por la noche a escuchar los cuentos que
le contaban sus abuelos.
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