En la entrada anterior nos preguntábamos qué perseguían los nazis con ese ilimitado amor por los libros y la lectura. Recordemos que habían directrices para que todos los campos de concentración tuvieran una dependencia dedicada exclusivamente al uso de biblioteca del campo.
Los jerarcas nazis amaban los libros, sí, pero amaban los libros que calificaban como dignos de ser leídos. En 1934 se elaboró la lista 1 de los escritos dañinos e indeseables que se actualizaría en los años 1936 y 1938. Esta primera lista se convertiría en el fundamento de lo que sería la execrable Lista para la organización de la quema de libros, publicada el 10 de mayo de 1993. Para la selección de los libros:
" Se hace especial hincapié en los libros y escritos con los que el prisionero está estrechamente vinculado por una alta concepción de la clase alemana, el pueblo alemán y el estado alemán, y de la ley y la moral. Se excluyen los libros y escritos de los no alemanes y aquellos cuyos contenidos puedan genera la desmoralización del pueblo." (Seela, T. 1992:24)
Las referencias bibliográficas pueden encontrase en el libro comentado de Joaquín Rodriguez, La furia de la lectura.
Pero en Alemania se leía. Baste un dato. En la Navidad de 1941 se había vendido todo aquello que tuviera que ver con los libros. Ese mismo año la cifra total de producción de libros alcanzó los 341 millones de ejemplares, colocando a la industria editorial alemana en el primer lugar del mundo en cuanto a número total producido y al número de títulos editados. Se consideraba el libro como un bien público del pueblo alemán. Y la guerra apenas acababa de empezar.
"El uso global de la publicidad pública de libros no tendría sentido si no se aplicara siempre y tuviera como objeto ganar a los compatriotas, que no tienen relación con la literatura, para el libro."
Quién, se pregunta Rodriguez, no respaldaría las acciones que fueran necesarias para promover el acceso universal del pueblo a los tesoros de la cultura y al resplandeciente valor del libro y la lectura. ¿Y si dijéramos que el texto citado fueron palabras de Goebbels? ¿Cambiaría nuestra opinión?
El periodista Manuel Chaves Nogales tuvo la oportunidad de entrevistar a Goebbels. La entrevista se había aceptado a regañadientes, con la condición de formular únicamente tres preguntas y transcribir lo pronunciado con absoluta exactitud. ¿Cómo elegir qué preguntar a Goebbels? ¿Cuánta curiosidad tuvo que inmolar Chaves Nogales para salvar solamente tres interrogantes?
Goebbels, y con esto terminamos nuestra segunda entrada de este tema en el Blog, Ministro de propaganda y de formación del pueblo, tenía sus diarios personales repletos a la práctica diaria de la lectura y al bienestar que procura. Goebbels fue, sin duda, dice Joaquín Rodriguez, uno de los miembros más doctos y leídos del partido, conocedor de la literatura de su época, sin perder de vista las contingencias de la guerra, y cuando leía ensayo estos le proporcionaban munición intelectual.
"¿Quién podría suponer que un espíritu seducido por la lectura fuera, simultáneamente, un implacable y sanguinario defensor de innumerables matanzas resueltas mecánicamente con mismo patrón y de una forma desconocida de exterminio industrial programado?" (Rodriguez, 38)

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