lunes, 13 de abril de 2026

3. Las bibliotecas, las lecturas y su valor. ("Del ilimitado amor nazi por los libros y la lectura")

 El libro Mein Kampf, llevaba por título original: Cuatro años y medio (de lucha) contra las mentiras, la estupidez y la cobardía. Su autor, que no hace falta que lo nombremos, pensaba que la lectura no era un fin en sí mismo, sino un medio para obtener algo. Más aún:

"La lectura (...) está destinada a proporcionar herramientas y materiales de construcción que el individuo necesita en los oficios de la vida, sin importar si esto sólo sirve para la forma más primitiva de ganarse la vida o representa la satisfacción de un destino superior; secundariamente debe transmitir una visión general del mundo."


Joaquín Rodriguez, en el capítulo que comentamos de su libro La furia de la lectura dice que: hay ya en sus comentarios una sospecha explícita sobre el conocimiento académico estéril que no se proyecta hacia la acción, que no tiene pretensiones de cambio e intervención, que no resulta de utilidad inmanente, y esa desconfianza se extendería, en consecuencia, a lo que él entendía por una clase intelectual parasitaria (...) (Rodriguez, 42)

Pero vamos, sin más demora, a lo que de verdad ha originado el interés por esta temática de la existencia de bibliotecas en los campos de concentración alemanes durante el gobierno nacionalsocialista a partir de 1933 hasta 1945. Que Martin Heidegger, filósofo y pensador reconocido, que llegó a conquistar a Hannah Arendt en 1924, tuviera una temprana adhesión al partido nazi. Y pensamos con Joaquín Rodriguez que cómo podemos seguir sosteniendo que la lectura por sí misma es suficiente para formar espíritus empáticos y críticos, cuando el más ilustrado de los espíritus alemanes no era otra cosa que un pensador elitista y reaccionario.



"Leer no es lo que las campañas de lectura y los eslóganes sobre su promoción pretenden inculcarnos: una senda florida que va directa del aprendizaje al deleite (...)  
Nada de eso es cierto, a menos que el aprendizaje de la lectura se vea acompañado de un trabajo sistemático sobre el sentido crítico, que entraña el saber y querer desplazarnos de nuestras más inconmovibles certezas para intentar entender cómo se construyen las de los demás, y sobre el sentido ético y moral, para intentar garantizar que podamos, al menos, apaciguar a la bestia que llevamos dentro." (Rodriguez, 52)


Y si no, lo que nos queda es elegir entre Escuela o Barbarie. 



Que el lector, que la lectora acuda al texto original si precisa de más conocimiento. Se sorprenderá de lo que hemos dejado en el tintero.



2. Las bibliotecas, las lecturas y su valor. ("Del ilimitado amor nazi por los libros y la lectura")

En la entrada anterior nos preguntábamos qué perseguían los nazis con ese ilimitado amor por los libros y la lectura. Recordemos que habían directrices para que todos los campos de concentración tuvieran una dependencia dedicada exclusivamente al uso de biblioteca del campo.

Los jerarcas nazis amaban los libros, sí, pero amaban los libros que calificaban como dignos de ser leídos. En 1934 se elaboró la lista 1 de los escritos dañinos e indeseables que se actualizaría en los años 1936 y 1938. Esta primera lista se convertiría en el fundamento de lo que sería la execrable Lista para la organización de la quema de libros, publicada el 10 de mayo de 1993. Para la selección de los libros:

" Se hace especial hincapié en los libros y escritos con los que el prisionero está estrechamente vinculado por una alta concepción de la clase alemana, el pueblo alemán y el estado alemán, y de la ley y la moral. Se excluyen los libros y escritos de los no alemanes y aquellos cuyos contenidos puedan genera la desmoralización del pueblo." (Seela, T. 1992:24)

Las referencias bibliográficas pueden encontrase en el libro comentado de Joaquín Rodriguez, La furia de la lectura.

Ya en 1821 Heinrich Heine, en su tragedia "Almansor" decía: "Allí donde se queman los libros, acabarán quemándose personas"
(Almansor se refiere a nuestro Almanzor que devastó en Córdoba, la biblioteca construida con esmero por Al-Hakam II, entre los años 961-976 de nuestra era.)

Pero en Alemania se leía. Baste un dato. En la Navidad de 1941 se había vendido todo aquello que tuviera que ver con los libros. Ese mismo año la cifra total de producción de libros alcanzó los 341 millones de ejemplares, colocando a la industria editorial alemana en el primer lugar del mundo en cuanto a número total producido y al número de títulos editados. Se consideraba el libro como un bien público del pueblo alemán. Y la guerra apenas acababa de empezar.

"El uso global de la publicidad pública de libros no tendría sentido si no se aplicara siempre y tuviera como objeto ganar a los compatriotas, que no tienen relación con la literatura, para el libro."

Quién, se pregunta Rodriguez, no respaldaría las acciones que fueran necesarias para promover el acceso universal del pueblo a los tesoros de la cultura y al resplandeciente valor del libro y la lectura. ¿Y si dijéramos que el texto citado fueron palabras de Goebbels? ¿Cambiaría nuestra opinión?


El periodista Manuel Chaves Nogales tuvo la oportunidad de entrevistar a Goebbels. La entrevista se había aceptado a regañadientes, con la condición de formular únicamente tres preguntas y transcribir lo pronunciado con absoluta exactitud. ¿Cómo elegir qué preguntar a Goebbels? ¿Cuánta curiosidad tuvo que inmolar Chaves Nogales para salvar solamente tres interrogantes?

Goebbels, y con esto terminamos nuestra segunda entrada de este tema en el Blog, Ministro de propaganda y de formación del pueblo, tenía sus diarios personales repletos a la práctica diaria de la lectura y al bienestar que procura. Goebbels fue, sin duda, dice Joaquín Rodriguez, uno de los miembros más doctos y leídos del partido, conocedor de la literatura de su época, sin perder de vista las contingencias de la guerra, y cuando leía ensayo estos le proporcionaban munición intelectual.

"¿Quién podría suponer que un espíritu seducido por la lectura fuera, simultáneamente, un implacable y sanguinario defensor de innumerables matanzas resueltas mecánicamente con mismo patrón y de una forma desconocida de exterminio industrial programado?" (Rodriguez, 38)



1. Las bibliotecas, las lecturas y su valor. ("Del ilimitado amor nazi por los libros y la lectura")

El campo de concentración de Buchenwald fue liberado por las tropas americanas en 1945. Allí murieron sufriendo 58000 presos. Mientras se procedía al exterminio funcionaba una biblioteca dentro del campo, de la que hay registros de 13811 libros catalogados y 82147 préstamos contabilizados. 

Y mientras los presos estaban siendo liberados, y deambulaban sin saber adónde ir, se oyó por los altavoces del campo el requerimiento de que un preso devolviera tres libros a la biblioteca de forma inmediata. Aquel preso era el español Jorge Semprún (1923-2011) que, evidentemente, no pensaba devolverlos.

Cuando leí esto en el primer capítulo del libro La furia de la lectura. Por qué seguir leyendo en el siglo XXI de Joaquin Rodriguez (2021) me quedé muy sorprendido. Pero eso sólo fue el principio.


Cuando era niño solía ver, de vez en cuando, unos pequeños microbuses que llevaban libros por los barrios de Sevilla, Bibliobús los llamaban. Ni siquiera podía valorar ni positiva ni negativamente el hecho de que estuvieran allí. Era un niño de apenas diez años. Lo que no sabía era que cuando de mayor estudiara la II Guerra Mundial, aprendería que el invento de los Bibliobúses ya se usaban en esa contienda.

En el libro La furia de la lectura. Por qué seguir leyendo en el siglo XXI, se constata que
"¿Qué clase de supuesto poder inherente a los libros y a la lectura parece tan universalmente evidente que hasta los responsables del despliegue mantenimiento de los campos de concentración decidieron añadir una biblioteca al diseño carcelario?" (Rodriguez, 24)

Buchenwald era al mismo tiempo que un campo de concentración, un campo de reeducación Umschulugslager. Así, en la lógica del instruido aparato nazi no cabía la reeducación sin los libros y la lectura, (al menos de determinados libros y lecturas).

Un dato importante, en 1934 T. Eicke, inspector de los campos de concentración, dictó una reglamentación centralizada que obligaba, según dictaba su sección 16., a que se institucionalicen como una dependencia más, las bibliotecas en los campos de concentración. No existió durante el período nazi una política centralizada de despliegue de bibliotecas en los campos. Lo que sucedió fue, más bien, que la convicción de muchos de los comandantes de los campos de concentración, dice Rodriguez, en el poder rehabilitador de la lectura, en su capacidad para precipitar la necesaria reeducación ideológica, les llevó a aceptar su apertura.

El aprecio casi reverencial por los libros y la lectura de los nazis se tradujo en un despliegue no menos sitemático de las bibliotecas de frente, de bibliobúses móviles,  que abastecían a llas tropas alemanas, allí donde se encontraran, de una relación de títulos aprobados por el ministerios de propaganda. Se calcula que en 1940, existían 27000 bibliotecas de frente con unos 8,5 millones de libros, llegando a dotar de libros hasta los submarinos de guerra alemanes.



La quema de los libros potencialmente dañinos e indeseables, entre el 10 de mayo y el 21 de junio de 1933, no significaba que los jerarcas nazis o el pueblo alemán despreciaran los libros y la lectura, antes al contrario. Alfred Rosenberg, ideólogo del nazismo, hizo una llamada nacional a empresas y familias para la donación de libros al ejército alemán en el frente. Se calcula que a finales de 1943 se habían distribuidos 75 millones de ejemplares. 

Todo esto que contamos, es una parte del capítulo que comentamos del libro La furia de la lectura. Por qué seguir leyendo en el siglo XXI. Ya haremos una segunda entrega de este tema. Pero por ahora señalar que el grupo editorial mayor a nivel mundial es alemán y que los mayores ingresos por ventas fueron reportados , en el último ejercicio, por  los EE.UU. de América (EE. UU.) (USD 26.8 mil millones), seguido de Alemania (USD 11.4 mil millones). ¿Qué perseguían los nazis con ese ilimitado amor por los libros y la lectura?